Guion 115 Los jornaleros y la generosidad
de Dios
Evangelio de san Mateo 20,
1-16
Un espacio que esperamos pueda ser de ayuda para todos. Un encuentro de oración y de reflexión, para que podamos sentirnos mejor interiormente y, sobre todo, en nuestra relación personal con Dios.
Hoy nuevamente, a través de esta experiencia comunitaria y con la imprescindible ayuda del Espíritu Santo, intentaremos tener un encuentro personal con Jesús de Nazaret, y experimentar la presencia de Dios.
Os invitamos
a tomar un tiempo de reflexión, poniéndonos en presencia del Señor. Hoy nos
espera una oración muy especial basada en el Evangelio de Mateo. En ella, Jesús
nos va a hablar de un Dios que sale a buscarnos a distintas horas del día, sin
importar nuestro cansancio o nuestra historia. Dejemos fuera las prisas y
dispongamos el corazón para dejarnos encontrar por Él.
Pidamos en esta oración abrir el corazón a ese amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que nos acompaña siempre.
Señor
Dios nuestro,
en
este día en que celebramos tu presencia como Padre, Hijo y Espíritu Santo,
te pedimos que llenes nuestro corazón de tu luz.
Danos
la confianza del Padre que cuida,
la
cercanía de Jesús que acompaña,
y la fuerza del Espíritu que anima y consuela.
Que
esta oración compartida nos una más a ti
y
nos ayude a vivir con esperanza cada día.
Amén.
En Jesucristo está nuestra salvación, nuestra vida y nuestra resurrección. Ahora pues, con actitud de fe y confianza, iniciaremos con unas sencillas peticiones,
Tú que eres luz y verdad, ven a iluminar nuestros corazones y nuestros caminos.
Te lo pedimos Señor.
Despierta en nosotros una fe viva y
profunda. Ayúdanos a confiar en Dios incluso cuando no comprendamos sus
caminos.
Te lo pedimos Señor.
Derrama sobre nuestras familias tu
amor y tu paz. Sana nuestras heridas, fortalece nuestros vínculos y enséñanos a
perdonarnos de corazón.
Te lo pedimos Señor.
Acompaña a quienes sufren, a los
enfermos, a los que se sientes solos y a quienes atraviesan momentos de
angustia. Sé para ellos consuelo y esperanza.
Te lo pedimos Señor.
Concede sabiduría y humildad a quienes tienen responsabilidades en nuestra Iglesia. Guía sus decisiones y ayúdales a servir siempre con amor.
Te lo pedimos Señor.
Enséñanos a reconocer tu presencia en
nuestra vida cotidiana. Abre nuestros ojos para descubrir las pequeñas señales
de tu amor y darnos un corazón agradecido.
Te lo pedimos Señor.
Despierta en nosotros el deseo de
anunciar a Jesús. Que nuestras palabras, nuestras obras y nuestra manera de
vivir sean un testimonio de su Evangelio.
Te lo pedimos Señor.
Quédate con nosotros en este encuentro
de oración. Toma nuestras preocupaciones, nuestros deseos y nuestras
necesidades, y ayúdanos a abandonarnos confiadamente en las manos del Padre.
Te lo pedimos Señor.
Ven y quédate con nosotros.
Dígnate infundirte en lo más íntimo de
nuestros corazones.
Enséñanos en qué tenemos que ocuparnos,
hacia donde tenemos que dirigir nuestros esfuerzos.
Haznos saber lo que tenemos que
realizar, para que con tu ayuda podamos agradarte en todo.
Sé tú solo quien inspires y lleves a
feliz término nuestras decisiones.
Tú solo, con Dios Padre y su Hijo,
posees el nombre glorioso.
No permitas que seamos perturbadores de
la justicia, Tú que amas la equidad en sumo grado.
Que la ignorancia no nos arrastre al
mal, ni nos desvíe el aplauso, ni nos corrompa el interés del lucro, o la
preferencia de las personas. Antes bien, únenos a ti de modo eficaz por el don
de tu gracia.
Que seamos uno en ti y en nada nos
apartemos de la verdad. Y por hallarnos reunidos en tu nombre podamos mantener
en todo la justicia, guiados por el amor, para que aquí y ahora no nos
separemos en nada de ti.
Evangelio de san Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al
amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con
ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la
plaza sin trabajo, y les dijo:
‘Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido’. Ellos
fueron.
»Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer
la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
‘¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?’.
Le respondieron: ‘Nadie nos ha contratado’.
Él les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña’.
»Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
‘Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los
últimos y acabando por los primeros’.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero
ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar
contra el amo:
‘Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado
igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno’.
Él replicó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna
injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle
a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que
quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?’.
Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos».
Comentario – sobre el evangelio:
la parábola de los jornaleros no debe leerse, lógicamente, de manera literal, desde una perspectiva humana, ni con criterios de justicia distributiva o de política social. La parábola de los trabajadores de la viña, o, más bien, del dueño de la viña, es una parábola, y el núcleo de su enseñanza se puede sintetizar en estos tres puntos:
a) Dios no trata a los seres humanos según la lógica de la productividad del trabajo, sino buscando siempre el bien de los últimos y de los menos privilegiados;
b) la lógica de la bondad de Dios no es la ilógica de los gestores de la economía y de la política;
c) la solución de tantos problemas sociales que hoy afectan a muchas personas no vendrá de la mano de los economistas ni de los políticos, sino del cambio de actitud de las personas, de la recuperación de la bondad y del sentido humanitario del ser humano. Esta es la gran lección que nos ofrece la gratuidad de Dios, que queda reflejada en esta parábola.
Los criterios de la economía son criterios de codicia, mientras que los criterios de Dios son criterios de compasión y de bondad hacia los más débiles y necesitados. Hay que aprender esta lección.
Os pedimos ahora un minuto de silencio.
Para pensar y reflexionar sobre todo cuanto hemos leído y proclamado antes.
Unos momentos para la reflexión.
¿Te identificas con los primeros jornaleros? ¿Qué habrías hecho tú en su lugar?
¿Crees injusta la decisión del propietario sobre pagar a todos los jornaleros por igual? ¿Qué habrías hecho tú en su lugar
¿Te alegras genuinamente cuando alguien alejado experimenta el amor de Dios, o late un sutil juicio de “no se lo merece”?
Padre nuestro
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
En
nombre de todo el grupo, de Carme, Amparo, Roser, Manuel , Eulogio y la colaboracion de Mn. Manel Simó muchas
gracias .
Os informamos que el próximo encuentro será el viernes 16 de octubre a las 19:30.
Parroquia N.S. Salas Viladecans












